Cómo protegemos a los niñ@s del trauma de la separación de los padres.
Si hay algo que me genera mucha tristeza y que veo a menudo en los procesos de separación y divorcio que acompaño, es que a pesar del gran amor que los padres sienten hacia sus hijos la mayoría de las veces se olvidan de ellos durante todo o parte del proceso.
Y no es cuestión de ser buenos o malos padres, la realidad es que ninguno de los que llegaron a mí lo son, pero es la intensidad de las emociones y lo poco que hemos aprendido de cómo gestionarlas lo que impide a los adultos quedarse en ese lugar que les corresponde de adultos y proteger a sus hijos del proceso de ruptura familiar en el que se ven inmersos.
Cuando una pareja se rompe, sea cual sea el motivo, el dolor es tan grande que dificulta mirar más allá de uno mismo, cuesta cuidar lo que se ha compartido y creado hasta el momento con alguien con quién ya no deseas compartir.
Los niños y niñas son resilentes, quieren a sus padres por encima de todas las cosas y cuando les ven tristes, rotos, muchas veces no hacen ruido y adoptan posiciones que no les corresponden, cuidando el bienestar de sus padres y haciéndose mayores antes de tiempo.
Acompañar a personas a transitar sus conflictos dándoles el poder sobre ellos es reconfortante, porque nadie sabe mejor que otro lo que necesita en su propia vida. Además, contar con herramientas para poder ver un poco más allá, para poder ver de dónde viene ese patrón, esa dinámica, por qué esa persona se ha colocado en esa situación de victima, de ruina, de violencia, etc. Ayuda a mis clientes a encontrar no la solución, si no el camino para transitar el conflicto con serenidad, pudiendo conectar con el aprendizaje de cada experiencia de vida por desagradable que sea. Incluso abriendo la puerta al cambio, a hacer las cosas de otro modo, a cerrar etapas o conflictos con conocimiento, paz y armonía.
Yo sé que cada padre o madre en un proceso de separación que viene a mi despacho quiere por encima de todo que sus hijos no sufran, sin embargo, a veces el desbordamiento emocional es tal que se pierde el enfoque.
Acompañarles con cuentos, recordarles que no son responsables, que son sólo niños y niñas, que los adultos les vamos a sostener, que su mamá le sigue queriendo por encima de todas las cosas aunque esté triste, que su papá le quiere por encima de todo aunque esté triste. Mostrarles que nosotros también tenemos miedo pero que nos vamos a ocupar de que ellos estén bien. Y, sobre todo, contarles que a pesar de que papá y mamá ya no sean pareja, se eligieron para ser sus padres y eso es lo más importante que les une.
Porque detrás de toda ruptura hay una historia que nació del amor, y poder reconocerlo va a permitir que el proceso, aunque doloroso no sea desgarrador.